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jueves, 11 de noviembre de 2010

Yo me quedo con... versión original, subtítulos y doblaje

El tema del doblaje de las series es una excelente manera de poner a dos personas a debatir durante horas para que, al término de la discusión. Cada uno siga en sus trece. Por eso, no voy a hacer ningún alegato a favor o encontra. Sólo quiero exponer un hecho curioso del que me he dado cuenta, que House no me gusta en versión original.

Lo siento, doctor. Pero en inglés no le entiendo
¿Qué me ocurre? La explicación es sencilla, pero se extiende a otras series que veo o he visto. Comencé a ver House en su primera temporada, en Cuatro. De eso hace ya siete años y por entonces no era un seriéfilo como ahora. Así, esta serie la fue viendo a ritmo de España, conforme la emitía Cuatro. El año pasado, harto de anuncios y con House como única reminiscencia de mi pasado televisivo (¿ahora sería internetnitivo?), me vi la sexta temporada por internet, pero esperando a que los capítulos salieran doblados. Este año no pude esperar, y la he estado siguiendo en versión original. Con subtítulos, claro, que uno con el inglés uno se defiende más mal que bien.

Y aquí aparecen dos problemas. Primero, las voces se me hacen raras. Que no malas. ¿Gracias a qué? A que House es una serie excelentemente doblada. He de reconocer, además, que el doblador de House es una de mis debilidades, me encanta esa voz. Y, en segundo lugar, los subtítulos que he encontrado son bastante malos. Vaya por delante, en ningún momento quiero meterme con todas las personas colaboradoras que hacen los subtítutulos altruistamente. Es más, les agradezco su labor infinitamente. Pero una cosa no quita la otra y seguir a House con subtítulos es bastante decepcionante. Cuando hablan de enfermedades a toda velocidad, no me entero de nada, menos aún que cuando hablan en español. Y un montón de comentarios graciosos de House no están bien traducidos y te encuentras con frases rarísimas, con escaso sentido en el idioma de cervantes. Es español, sí. Pero no se entiende. Conclusión, a esperar a que la doblen.

Os tuve que ver doblados, chicos. Vuestros diálogos me lo exigían
Pero claro, dándole a la materia gris, me he dado cuenta de que no es, ni mucho menos, la primera vez que me pasa esto. Recientemente, con la grandísima, enorme e incomensurable Studio 60 me pasó igual. El primer capítulo que bajé, para más inri, los subtítulos estaban algo desfasados y con un español macarrónico. ¿Cómo ver una serie de Aaron Sorkin, basada en el diálogo, con subtítulos desfasados y mal traducidos? Imposible, y la vi doblada. Bastante bien doblada, por cierto. Afortunadamente, los dobladores de España son muy buenos.
Más ejemplos. El Ala Oeste de la Casa Blanca. Por los mismos motivos. Incluso, Six Feet Under y, por desgracia, The Wire. Esta última muy, muy, muy mal doblada. Una auténtica puta mierda, y perdón por la expresión. Pero, una vez más, no me acabaron de convencer los subtítulos y bastante difícil es seguir The Wire, como para hacerlo sin enterarte de la misa la mitad.

Verte doblada, hermosa, es un crimen contra la humanidad

Pero vamos ahora al caso contrario. Aquellas series que son pecado verlas dobladas. (Vale, lo sé, The Wire es pecado, pero uno no sabe inglés...) Por ejemplo, mis tres comedias de la actualidad favoritas. Modern Family, How I Meet Your Mother y The Big Bang Theory. La primera, verla doblada es quitarle toda la gracia. Especialmente a Gloria Pritchett, la colombiana. HIMYM es también pecado y de los gordos. Barney y Marshall no tienen nada que ver, por citar a los dos actores que más pierden cuando doblan su voces. Y The Big Bang... la he visto de las dos maneras y, simplemente, te la cargas. No hace gracia. Sheldon con esa voz que le ponen parece retrasado y los otros tres friquis son menos graciosos.

¿Más ejemplos? Dexter, me cambié de español a versión original. Gran acierto, en Miami mucha gente habla castellano y en la serie también. Incluso, en esta quinta temporada, hay un interrogatorio en el que un poli hispano interroga a un venezolano. La poli americana no se entera de nada y se lo van traduciendo in situ. ¿Cómo doblas eso? Muy, muy difícil.

Creo que esta foto no necesita comentarios...
Pero no quiero que nadie se ofenda. Aquí solo va una reflexión. Me he parado a pensar y he visto que incluso yo mismo tengo incongruencias. Por lo general, soy un arduo defensor de la versión original. Pero luego, veo un montón de series dobladas. C'est la vie.

sábado, 9 de octubre de 2010

La hora de la nostalgia I: El Ala Oeste de la Casa Blanca

Con la última entrada sobre Aaron Sorkin, no he podido parar de pensar en esa grandiosa serie que durante siete temporadas, aunque él la abandonara a mitad, fascinó al mundo entero: El Ala Oeste de la Casa Blanca. Cada una de las cuatro primeras temporadas de la serie ganó el premio Emmy a la mejor serie dramática. Precisamente, las cuatro en las que Aaron Sorkin estuvo al mando de El Ala Oeste. Pero una serie no se mide por sus premios. ¿Por qué El Ala Oeste es tan maravillosa?
El Ala Oeste nos lleva a un mundo en el que el presidente de los Estados Unidos es el demócrata, Premio Nobel de Economía y Católico Joshiah Bartlet, interpreatado ni más ni menos que por Martin Sheen. Ese, mundo es, por supuesto, el nuestro propio. Bartlet junto a su gabinete se enfrentará a una oposición republicana muy dura (gana las elecciones por un margen estrechísimo) y a multitud de conflictos internacionales surgidos de la mente de Sorkin pero de un realismo sublime. Lucha contra el terrorismo en Oriente Próximo y hasta una invasión a un país africano para poner fin a un genocidio entre las dos razas  del país (clara referencia a los hutus y tutsis).
Economía, educación, asuntos sociales, patriotismo. Todo, todo lo que narra lo hace con un acierto y un realismo espectacular. Ahora bien, algunos le achacan un pequeño fallo, pero totalmente perdonable porque, a fin de cuentas, es ficción. Los políticos, todos los del gabinete de Bartlet, son honrados. Y no sólo honrados, sino apasionados por su trabajo, quieren lo mejor para el país, se desviven para ayudar a la gente, siempre hacen lo correcto... Todo aquel que haya visto esta serie coincidirá conmigo que ojalá nuestro gobierno fuera así.
El presidente Joshiah Bartlet

Otra gran virtud de la serie es su guión. El Ala Oese, no voy a engañar a nadie, son 40 minutos de capítulo de puro diálogo. Son políticos y no hay explosiones, persecuciones ni nada que se asemeje a una pizca de acción. Son diálogos, probablemente los mejores diálogos de la historia de la televisión. Los personajes, siempre escasos de tiempo, nos soprenden con increíbles conversaciones mientras recorren toda la Casa Blanca. Camino a una reunión, vuelta al despacho, yendo a otra reunión... Siempre están en movimiento y siempre están hablando. Un ejemplo de estos grandísimos diálogos, este como otros muchos con bastante gracia, lo tenemos en una discusión entre Josh Lyman, ayudante del jefe de Gabinete, encargado de lidiar con los senadores y congresistas para ganarse sus votos en la aprobación de leyes; y Donna Moss, su secretaria. En esta escena, Donna pregunta a Josh por qué no bajar los impuestos si hay superávit. Josh le contesta, siempre en movimiento de forma muy acertada respecto al planteamiento fiscal demócrata pero, sobre todo, con mucho humor. Así, aspectos como la economía que tanto repelús generan al espectador, aquí se tratan con mucha sencillez, humor y, por supuesto, corrección, pero logrando que el espectador se enganche totalmente.

Josh Lyman y Dona Moss
Al margen de sus diálogos, su rapidez y adicción, El Ala Oeste es una serie muy bien realizada. Con grandes momentos. Algunos muy emocionales, otro muy duros, otros de alegría desbordante... Antológico (no hay otra manera de decirlo aunque esta palabra me resulte muy fanática) es el cierre de la segunda temporada con su capítulo Dos Catedrales. En él, un presidente Bartlet enfermo y atacado por la oposición, se enfrenta sólo desde su enfermedad al juicio al que le somete la opinión pública y su propio gabinete. Hablando con sus secretaria recién fallecida, a Dios en una iglesia camino de la rueda de prensa, con la canción Brothers in arms de fondo, llega al púlpito, alza la mirada... Y todos sabemos lo que va a decir. Inovidable.

En resumen, si todavía no la has visto, más vale tarde que nunca.